8 de octubre de 2019

Martes en la mañana. Hojeando varias revistas en busca de algo que me resonara, me senté con algunas otras hermanas en la sala de una casa modesta en el corazón de Grapevine, Texas. Me animó mucho ver los hermosos paneles de visión que nuestra anfitriona exhibía en las paredes de su casa. Algunos de sus sueños se habían cumplido. Estaba ansiosa por encontrar contenido para mi Panel de Visión.

“Recorte cualquier cosa que le llame la atención, ya sea una imagen o una frase”, dijo Hope, nuestra líder de grupo.

Estaba buscando fotos de cocinas, decoración del hogar, diseño de casas con estilo moderno de granjas y lugares a los que me encantaría viajar con mi familia algún día. Nada me resonaba … hasta que pasé a una página con un artículo que tenía el título: “Totalmente. Inesperado”. Instantáneamente sentí que era para mí.

Corté la frase y le puse la fecha en el reverso: “8/10/19 mi palabra para 2020“. Lo laminé en un marcador. Está en mi Biblia sobre el Salmo 112 que oro con frecuencia por mi familia.

Resulta que 2020 fue el año de “Totalmente. Inesperado”.

Para el mundo entero.

Pelear

¿Ha peleado alguna vez con Dios? Yo sí. Más de una vez.

Cuando tenía poco más de veinte años, hice un voto interno de NO casarme con un salvadoreño, un predicador y, por supuesto, no con un pastor. Bien. Dios tenía otros planes para mí. Mi esposo es salvadoreño, predicador y ahora pastor. Es curioso cómo obra Dios.

Nacida en un hogar cristiano, hija de un pastor de tiempo completo, he visto y experimentado algunas cosas a lo largo de mi vida. He recibido amor, lealtad y aprecio. También he sido destinataria de lo contrario. Conozco el dolor del sectarismo y la división. La iglesia a la que asistí toda mi vida (desde de mi traslado a los Estados Unidos hace más de 39 años) sufrió una división dos semanas antes de nuestra boda. Me tomó años sanar. A pesar de estos recuerdos, a lo largo de los años he conocido a los creyentes más sinceros que realmente aman a Dios y a las personas.

Desafortunadamente, algunos de los recuerdos desagradables me hicieron sentir resentimiento hacia la Iglesia durante mi juventud. No debería ser así. Pero es la realidad. A pesar de todo, el Señor me enseñó a perdonar. Después de todo, somos seres imperfectos que intentamos servir a un Dios perfecto. Ninguno de nosotros lo tiene todo por completo. Estamos en diferentes niveles de madurez en nuestro caminar espiritual con Dios. Seguimos creciendo y aprendiendo. Ayuda dar gracia hacia los demás para mantener la unidad en el Cuerpo de Cristo.

La honestidad, el amor y la sinceridad son emociones poderosas que uno puede sentir. Todos tenemos un “detector de mentiras” interno y sabemos cuándo la gente está siendo real y cuándo está fingiendo. Por lo tanto, es muy importante llenarnos a diario de la Palabra de Dios para que a través de nosotros Dios infunda paz, esperanza y amor en las vidas y circunstancias de nuestros semejantes. La Palabra de Dios dice:

El hombre bueno del buen tesoro de su corazón saca el bien; y el hombre malo del mal tesoro de su corazón saca el mal. Porque de la abundancia del corazón habla su boca. (Lucas 6:45)

Cuanto más llenos estemos de la Palabra de Dios y su presencia en nuestras vidas, más podremos ayudar a otros a encontrar fe, esperanza, sanidad y salvación.

Como esposa de un predicador, también he visto y experimentado un poco de todo. Mi esposo me protegió de algunas cosas para guardar mi corazón. ¡Los supe años después! Las experiencias negativas ciertamente jugaron un papel en mi aprensión de apoyar a mi esposo en su llamado pastoral.

Creo que la causa fundamental del miedo, la preocupación, los celos, la comparación, la falta de amor fraternal y otros aspectos desagradables del pecado incrustados en nuestra humanidad, es la falta de identidad. Realmente no sabemos quiénes somos ni de quién somos. Si lo supiéramos, NO nos dieramos a preocuparnos, compararnos ni  lastimarnos.

Aprender

Mi maravilloso papá es de la vieja escuela.

Se convirtió en seguidor de Jesús en su adolescencia. Desde que entregó su vida a Jesús, desarrolló un amor por enseñar la Palabra de Dios y ayudar a las personas. De adolescente, acompañaba a su pastor-mentor en visitas de hogares en diferentes pueblos de su ciudad en nuestra tierra natal de El Salvador.

Durante este tiempo, la forma de transporte de mi papá eran sus pies. Su luz de noche, una linterna de gas. Bajo el sol o la lluvia, era un fiel escudero de su pastor. Le encantaba visitar a los pobres y los olvidados y disfrutaba llevarles la esperanza de las Buenas Nuevas del Evangelio. Su formación pastoral comenzó en grupos pequeños.

Muchos años después, durante su mandato como presidente de la denominación evangélica hispana (un puesto que ocupó durante más de treinta años) en el que continúa pastoreando, mi papá viajó mucho. Mis hermanas y yo lo extrañábamos. Mi madre lo extrañaba. Pero entendimos que tenía que atender sus responsabilidades. Pasamos por circunstancias increíbles mientras él estaba fuera que mi querida madre de alguna manera se las arregló para resolver. Las finanzas eran limitadas. No tener a papá en casa a menudo nos causaba tristeza a la que mis dos hermanas y yo reaccionábamos de diferentes maneras. Mi madre encontraba consuelo en la fe y la oración como lo hace hasta el día de hoy.

Cuando me casé, me aseguré de apoyar lo más posible a mi esposo, Néstor, en su deseo de predicar y servir a Dios también. Pero tener un esposo en el ministerio de tiempo completo como pastor es un estilo de vida que NO deseé de ninguna manera, por mi bien y el de nuestras hijas. Cuando mi esposo lo mencionaba de vez en cuando, lo desanimaba. Lo aplastaba.

Al cumplir 10 años de ser salvo, mi esposo sintió un fuerte llamado a ser pastor. Eso habría sido en el año 2000 cuando llevábamos cinco años casados. Le tomaría otros 20 años de preparación y decisión para responder al llamado. O quizás para que Dios preparára mi corazón, arremangarme y apoyar a mi esposo mientras mantengo mi doble carrera.

Rendirse

Mi rendimiento a la voluntad de Dios tomó tiempo. Dos décadas al menos.

Me han encantado las comodidades del mundo: una casa grande, buenos autos, dos ingresos. A todos nos gustan las cosas buenas y mejores de la vida. Pero todos venimos marcados con un propósito que estamos destinados a cumplir. Y en algún momento de nuestras vidas, nos enfrentamos a la decisión de seguir el plan de Dios o el nuestro. Perseguir el camino de Dios o el nuestro. Obedecer o desobedecer.

Y cuando la visión de Dios para tu vida captura tu corazón, nada más importa. Empiezas a ver el mundo, las personas y las circunstancias de manera diferente. Las cosas eternas tienen prioridad sobre las cosas pequeñas o el placer temporal.

Al graduarme de la universidad en el 1995, comencé mi carrera en programación. Obtuve mi licenciatura en ciencias de la computación, completando mi último año como estudiante de intercambio en la Universidad de Manchester en Inglaterra, el Reino Unido. Fue la experiencia más linda donde conocí a cristianos que impactaron enormemente mi vida. De vez en cuando siento nostalgia.

Al encontrar mi primer trabajo, trabajé a tiempo completo y asistí al Instituto de Tecnología de Nueva York por las noches trabajando en mi maestría. Tomé clases en el otoño, la primavera y el verano. Dos años y medio después, completé mi licenciatura un miércoles, me casé tres días después el sábado 16 de diciembre de 1995, y me mudé a Texas al día siguiente.

Mi carrera en programación fue intrigante y desafiante. Me encantaba. Aunque era estresante y me causaba dolores de cabeza diarios e incluso síndrome del túnel carpiano en mi muñeca derecha, todavía disfrutaba de la estimulación mental. Me daba identidad y propósito. Me hacía sentir bien conmigo misma.

La emoción de resolver problemas era mi euforia … como cuando alguien disfruta de su favorita margarita, café, vino u otra bebida especial. Para mí, era como tomar mi taza de té favorita.

Años más tarde, dejaría mi carrera en programación para comenzar mi propia empresa comercial en la industria de la vivienda. Y unos años después de eso, también dejé mi negocio de construcción de viviendas y me dediqué a la familia. Enseñé en casa a nuestras hijas durante 10 años. No fue nuestra elección, sino una petición de nuestras hijas. En retrospectiva, sabemos que fue una asignación divina.

En febrero de 2020, comencé mi plan de lectura de la Biblia de un año. Empecé 35 días tarde. Estaba molesta conmigo misma por perderme la fecha de inicio. Pero recordé las palabras de nuestro querido pastor Robert Morris, quien animó a toda la iglesia a leer la Biblia en un año. Él instruyó: “Simplemente lee la Palabra de Dios. Te prometo que te cambiará”. Por eso, sentí la urgencia de hacerlo. Me puse al día en unas 3 semanas.

Leer la Palabra de Dios me cambió.

Me enamoré del Antiguo Testamento. Mi confianza comenzó a aumentar. ¿Cómo en el mundo vivía antes?

Había intentado leer planes en el pasado … como comenzar una nueva dieta y un plan de ejercicios el 1 de enero y luego se redujo a nada debido al ajetreo de la vida. No sabía cuánto me estaba perdiendo.

Confianza. Eso es lo que me dio la Palabra de Dios.

Confianza en quién es Dios.

Confianza en quien soy.

Confianza de quién soy.

Esto me preparó para tomar decisiones que nos cambiarían la vida como familia más adelante en el 2020. ¡No hay manera de que hubiese estado preparada para apoyar a mi esposo a responder al llamado de hacer lo que Dios puso en su corazón hace 20 años si no hubiera sido primero transformada por la Palabra de Dios. ¡Me cambió! Comencé a desarrollar un amor más profundo por Dios, las personas y el Reino de Dios.

Obedecer

29 de julio de 2020. El cumpleaños de mi esposo.

Se sentó en su escritorio todo el día escribiendo la visión de la Iglesia Shalom. Un día antes, el Señor le indicó que pasara su cumpleaños escribiendo la visión.

Sin esfuerzo. Así es como mi esposo explica el proceso de descargar la visión que el Señor le dio y ponerla por escrito. Cuando lo compartimos con uno de nuestros pastores en la Iglesia Gateway, él dijo: “Tu visión es clara. No es una visión a medias”.

Mi esposo tenía el llamado durante más de 20 años, pero no una visión clara.

Y fue el momento perfecto de Dios cuando se lo reveló. Es imperativo tener la visión clara y que sea de Dios, directamente desde Su trono.

La visión da dirección. No es de extrañar que Dios dice,

Escribe la visión e inscríbela claramente en tabletas, para que quien la lea pueda correr. (Habacuc 2: 2)

¿Qué visión? La que Él te da.

Con Dios de nuestro lado y una visión claramente escrita en la mano, podemos correr libremente hacia nuestro destino. Y se necesita fe. Confianza. Creer. Sabiendo que Dios nunca nos dejará ni nos desamparará.

Confiar

Mi querida madre me ayudó a memorizar varios versículos y salmos cuando era pequeña.

Algunos de los primeros versículos que mi madre me enseñó son:

Confía en el Señor con todo tu corazón, y no te apoyes en tu propio prudencia; Reconócelo en todos tus caminos, y él enderezará tus sendas. (Proverbios 3: 5-6)

Un día antes del Día de Acción de Gracias del 2020, mi familia y yo nos reunimos con el pastor Stokes Collins (pastor del campus de Gateway Church NRH) y algunos otros pastores de su equipo para bendecirnos y enviarnos.

Fue el momento más increíble, íntimo, amoroso y apoyador que jamás habíamos experimentado como familia. Sentimos el abrazo y la aprobación de Dios.

Cuando el pastor Stokes puso sus manos sobre mi esposo y yo y dijo: “¡Decimos que sí! A la Iglesia Shalom. Gateway dice ¡Sí! a esta visión”, fue muy reconfortante y afirmativo.

Estar de pie en el altar en el santuario del edificio NRH de Gateway fue un momento agridulce para mí. Por un lado, me entristecí por irnos. Nuestras vidas han sido tan bendecidos allí. Nuestras hijas crecieron en Gateway. Lloré en mi interior.

Pero por otro lado, estaba en paz sabiendo que nos movíamos en la voluntad de Dios para nosotros y nuestra familia.

El 5 de diciembre de 2020, tuvimos el servicio de lanzamiento de la Iglesia Shalom. Fue un servicio maravilloso guiado y lleno del Espíritu.

Fue entonces cuando sentimos que salimos del barco. Hundimos los pies en el agua. Y comenzamos a dar los primeros pasos en la nueva dirección para nuestra familia. Da un poco de temor, por decir lo menos. Pero Dios se mueve cuando nosotros nos movemos. Se manifiesta cuando damos el primer paso en la fe. La fe mueve a Dios.

Es emocionante. Estoy emocionada. Nunca soñé con estar contenta de servir a mi Salvador, mi Creador, mi Padre Celestial en esta capacidad. Nunca pensé que estaría feliz de dar un paso en esta loca aventura de fe. Nuestras hijas están felices y emocionadas.

Esta es mi historia.

Luché con Dios … como lo hizo Moisés.

Me entregué a Dios … como lo hizo el profeta Isaías.

Estoy aprendiendo a confiar en Dios … como lo hizo el rey David.

Estoy encontrando mi nuevo ritmo de vida haciendo la voluntad de Dios, ejecutando Su agenda y ayudando a los que Él envía en nuestro camino.

Estoy encantada de trabajar junto a mi esposo en un nuevo plan de estudios de discipulado que planeamos publicar y lanzar para fines de 2021, que pondremos a disposición de las iglesias de habla inglesa y española, La bendición: el deseo de Dios para Israel, la Iglesia y usted. y su familia. Estamos equipando líderes para equipar al Cuerpo de Cristo, no solo dentro de la Iglesia Shalom, sino también para bendecir a otras congregaciones.

Creer

2021 y más allá. ¿Por qué estamos creyendo?

Ninguno de nosotros puede garantizar lo que nos espera el 2021. ¿Podría ser otro año de cambios de vida “totalmente inesperados”, eventos mundiales, pruebas de nuestra fe, paciencia, resistencia? ¿Podría ser un año de cosechas, oportunidades y bendiciones totalmente inesperadas que nunca antes habíamos visto?

En medio de todo esto, para los que creemos en Jesús, hay una esperanza mayor que se extiende mucho más allá del presente, y una paz inexplicable que sobrepasa todo entendimiento humano.

Sea lo que sea lo que nos depare el futuro, permanezcamos firmes en la fe, la esperanza y el amor.

Estoy en paz, aprendiendo a confiar en que todo saldrá bien. Que todo irá bien con mi matrimonio, mi familia, mi alma y mi maravillosa nueva Iglesia Shalom.

Oro para que usted y yo aprendamos a estar agradecidos “en” medio de los problemas.

Oro para que tú y yo nos preocupemos menos y confiemos más, comparemos menos y animemos más, hablemos menos y oremos más.

Oro para que, sea lo que sea el año, podamos estar en medio de las montañas y los valles y saborear la belleza en medio de ellos, con la confianza de que todo estará bien. Que no importa lo que suceda, todavía podemos estar firmes con nuestra fe en Jesús y en medio de las lágrimas encontrar alegría, en medio de la calamidad encontrar abundancia, en medio del caos encontrar la paz.

Oro para que permanezcamos unidos, sin miedo a lo totalmente inesperado y confiemos.

Que podamos cantar continuamente: Está bien con mi alma.

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